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Hola buenas.

Estaba yo pensando hace poco que mis días vuelven a ser maratonianos (ya ves, nadie diría que me he vuelto a jorobar la rodilla) y me doy cuenta de que me dejo muchas cosas por contar.

Por un lado, me gustan las verdades casi mentiras que estoy escribiendo, estas mini-historias que aún me sirven de desahogo. Pero la verdad es que cada vez necesito menos desahogos, y eso es bueno. A menor necesidad de desahogo, menos escribo. Pero la verdad es que este tiempo dándole al teclado me ha servido básicamente para una cosa; crearme una sana adicción a pensar, ordenar, escribir y editarme.

Y la verdad es que no quiero dejarlo, así que me temo que a falta de una obligación auto-impuesta, le sumo otra. La primera, seguir de terapia siempre que me haga falta, que la verdad es que merece la pena. Por otro lado, escribir por escribir, for art’s sake que dirían los ingleses.

Por eso he abierto la pestaña nueva, El bufón errante , donde simplemente iré novelizando todo aquello que me apetezca. Por poco que pueda, será una “novela” coherente. Por poco que pueda, será entretenido. Por poco que pueda, no ofenderé. Vale, alguna mentira tenía que decir, pero qué se le va a hacer, hay cosas que no cambian.

Digamos que, como Dickens, voy a intentar tomarme en serio el escribir, la constancia y la opinión de los lectores. Escribiré lo que quiera, pero si alguien quiere que lo cambie, pues que avise, que por eso dejo los comentarios abiertos. Y quien sabe, a lo tal vez de mayor me dedico a dar lecturas públicas de mi blog ( esperemos que para entonces no fallen mucho las conexiones… las neuronales 🙂 )

Nos seguimos leyendo, tanto en serio como en broma.

Pestaña nueva.

¿Curiosidad? Mañana, cuando acabe las 12 horas reglamentarias de trabajo os doy más detalles. El espiritu de Dickens invade este espacio…. pero bueno, mañana más y mejor, lo prometo 🙂

Nos vemos!

Resumen por si no quieres leer todo el post y pasar rápidamente a comentar:

No tengo ganas ni de trabajar ni de estudiar para las venideras oposiciones.

Ahora, a decir lo mismo en 400 palabras 🙂

—–

Érase una vez, hace mucho tiempo… qué digo yo “una vez hace mucho”, sería más bien algo que se repite unas cuantas miles de veces al día desde tiempos tan inmemoriales que ni los primeros relojes digitales Casio se habían inventado.

Un hombre, y lo llamo hombre por no llamarlo colección de huesos, piel, músculos y grasa (en proporciones tal vez no muy bien repartidas) que vivía en la felicidad de la más absoluta y total soledad, sólo rodeado de su gato, su familia más cercana hasta el tercer grado de proximidad, los 100 compañeros largos que trabajaban con él y los cerca de 100 críos que atendían las magistrales clases que impartía… haciendo uso de un  lenguaje de signos que mejor no reproducir por si algún inspector de educación rondase la sala.

Se levantaba cada día a las 7 de la mañana, sin fallar ni uno sólo de los días del largo año. Menos los lunes, martes, jueves, fines de semana, puentes, vacaciones y días de guardar. Trabajaba más que nadie, bueno, alguno había que trabajase más, pero no se le podía tener en cuenta.Este hombre dedicaba los días de trabajo a trabajar y, los días libres, para explayarse, los dedicaba a trabajar también. Todo en él era trabajo y dedicación constante, con una determinación sólo rota por las ganas de no hacer nada que tanto abundaban entre las 7 de la mañana y las 12 de la noche, tanto de los días laborables como de los festivos.

Una persona con la obsesión de hacerlo todo y de hacerlo bien. De no fallar, de no defraudar. Y cuando ni lo hacía todo, ni lo hacía bien, y fallaba y defraudaba, se desvivía por eliminar las pruebas. Qué menos.

Era un hombre sin más límites que su estupidez y su inconsciencia, que como todos  sabemos ( y hasta alguno más que todos) no tienen límites. Era un hombre de propositos firmes aunque cambiantes, de objetivos fijos pero discutibles, de recta moral pero de distraída capacidad para hacerle caso.

Era, simplemente, el más mejor, el más mucho, el más más… era el hombre hipérbole. Y acompañándole en estos momentos de escritura, una comedida canción instrumental. A disfrutarla 😀 .

Cancion instrumental del hombre que tenia el record del mundo de llevarse mas tiempo hablando

Mojinos Escocíos

Mañana.

Vale, uno ha estado un tanto desaparecido pero, aunque a ratos, vuelvo. Antes de escribir un montón de historias pendientes, me toca comportarme como una persona de bien y contestar al crossblog fight de Álex. Ahí vamos, valor y al toro.

—–

Sin darte la vuelta, sin abrir los ojos, me dijiste: “Sabes, desde que te irás te eché de menos. Hubiese sido bonito”. La verdad es que me perdí en esas palabras. Creo que lo que me confundió fue el tiempo.

No el que habíamos pasado, que fué una eternidad concentrada en una burbuja, sino que los dos lo malentendímos. Antes de conocernos sabíamos que no era el momento de estar con nadie, y mucho menos juntos, pero decidimos dejar ese pequeño detalle para más adelante (pensando, por supuesto, que de eso no habría).

Mientras hablábamos, sólo pensaba en que me había encantado estar contigo todos esos años que empezaron el día anterior. Cuando deshicimos tu cama, me lamenté de que toda esta rutina que no existía se fuese a acabar al día siguiente.

Cuando, después de pasar tanto calor, me dijiste que tenías frío y que te abrazase como antes lo hacía, lo hice. Siempre te había gustado que te abrazasen de lado, con la espalda cubierta y los hombros cogidos. Aún no sé cómo sabías como acostumbro a abrazar, ni yo cómo te gusta que te abracen. Tal vez lo hacía. Tal vez te lo hacían. No importa, al menos ese momento era para este abrazo y esta vez sí que era entre nosotros.

Durante ese minuto en el que le diste la espalda al mundo mirando por la ventana, estuve horas pensando en cómo podría decirte lo que tenías también en la cabeza; que nunca volveríamos a vernos, que la soledad compartida no es buena idea. No me salían las palabras y pensé “no importa, cuando la llame para ver como le ha ido el día se lo digo. Y si hay interferencias, se lo repito pasado mañana a mediodía. Y pienso mantenerme firme, y llamarla para explicarle lo que ya sabe, hasta que le quede claro.”

Tuve que decirlo. “Lo siento, yo no te echaré de menos. Ni siquiera te echaré.”

Y como cada día, sonó el despertador y me empecé a vestir.

Balada del despertador

La Fuga

—–

Venga Álex… te paso la cabra fileteada y a ver por dónde me sales ahora 🙂

… pero niegala bien.

Niño Wii: “TJQEC, eso de ahí delante es un STOP”.

TJQEC: “Lo sé, lo veo.”

Niño Wii: “¿Y por qué te lo estás pasando?”

TJQEC: “Por que está ambar. Me da tiempo.”

Creo que no ha colado. Me parece que últimamente está la carretera llena de señales y me las salto todas interpretando lo que me sale de la marcha atrás… En fín, suerte que ha sido yendo en coche y tengo el morro a todo riesgo!

Por fin han acabado las fiestas, por fin volvemos a lo que nos alegra la vida. Bienvenidos seáis, estrés y rutina, que me mantenéis en pie y en forma. Lo que tiene ser profesor y bomba de relojería es que a veces te tomas vacaciones de verdad.

Estos días han sido especialmente benignos conmigo. Me gustaría decir que me han cambiado, pero han hecho algo más. Me han permitido avanzar en la mutación, me han dejado volver a un tiempo muy muy anterior.

Estoy avanzando hasta un punto remoto, tan remoto que sólo puedo deciros que, en aquella época, aún no tenía perilla. Hace tanto tiempo, que la ropa que ahora llevo era aún nueva. Era una época en la que todos en el colegio nos conocíamos por el apellido, no por el nombre. Era una época en la que en el pueblo no me preguntaban “¿quién eres?”, sino “¿de quién eres?”. Unos días en los que mis promesas se cumplían.

Eran días de brutalidad. Era, junto a mi prima, el que más comía (reDios, éramos el terror de la mesa). Era el que más entrenaba. Era el que hacía la más sangrante apología del exterminio a lo romántico. Era el que llevaba el chandal de táctel más chillón… si no fuese el más descolorido.

Era el que empezó a saber usar la mirada como arma y la cabeza como ariete. Con el cerebro no he sabido nunca bien bien qué hacer. Era el que callaba por no hablar, por que mi palabra iba a misa y mi cuerpo y lo sagrado siempre han estado reñidos.

Era el que aprendió que antes recibiría, y recibió alguna que otra vez, 3 ostias de pie que 1 grito sentado. Era el que aguantó años sin hablar a quién murió este mismo mes, diferente año. Era el que aún no había aprendido que se puede echar de menos lo bueno y lo malo. Era el que lo tenía todo por hacer y ganas de hacerlo.

Era una bestia parda a quien deseaban tener de buenas y de su lado. Era el que expiaba la mala leche con silencios de semanas y no con gritos. Era al que ponen delante de un campo virgen y le dicen que construya.

No estoy retrocediendo, estoy tomando carrerilla. Por fin veo una explanada despejada ante mí, y tengo ganas de correr, saltar, romper normas. He recuperado el nervio y he perdido los nervios. Vuelvo a ser un miembre activo de los Men&Death. Y lo mejor es que no me lo he imaginado, me lo han confirmado al notar en mí la marca de la bestia…

“TJQEC, ¿y esos mofletes tan rojos? No me había fijado.”

“Es mi sangre. Ha vuelto.”

Feo fuerte y formal

Loquillo y los trogloditas.

El hombre gris.

Tranquilamente, se sentó en el sofá gris de su comedor pintado de gris. Se puso las zapatillas de estar por casa (las grises de invierno, no las de los veranos grises) para estar algo más cómodo y se dio cuenta de que el bote que tenía en la mano era verde… fluorescente. Hizo un movimiento de rosca y la tapa con el palo enganchado salió fácilmente. A priori no parecía demasiado impresionante… ¿cómo podían los críos distraerse horas haciendo pompas de jabón?.

Primero probó a soplar con energías. La mesita de centro gris le agradeció la mezcla de agua, jabón y, por qué no decirlo, saliva que le llegó. ¡No todos los días tenía la impresión de que la iban a limpiar!. Pero pompa, lo que se dice pompa, no llegó a salir.

El segundo intento fue un poco más sutil. Sopló con más ganas de pompa que con energía derrochada.Y la vio nacer. Pequeña e irisada, pero prematura. Sopló algo más de lo que debía y, pequeña como era, salió del círculo y estalló. De todas formas, no estuvo mal, le empezó a gustar la sensación.

A la tercera iba la vencida, así que esta vez, en lugar de soplar, empezó a susurrar. Cuando soplas, el aire es frío, pero cuando susurras, el aire es caliente. Para no aburrirse, le empezó a susurrar sobre lo extraño que era aquello, pero que total, qué importaba. Al igual que en Las Vegas, lo que sucedía en el sofá gris permanecía en el sofá gris. Cuando quiso darse cuenta, la pompa ya era considerablemente grande, y se dio cuenta de que, si dejaba de susurrarle, se encogía por momentos, así que optó por seguir con lo empezado.La pompa era cada vez más bonita, irisada, de color cambiante según lo que le susurrase. Le empezó a gustar lo que sus palabras podían hacer.

De repente, la pompa de jabón dijo “¿te importaría susurrarme por la derecha? Te oiré mejor.”

“Espera un segundo, las pompas de jabón no hablan. Tú no hablas. Y peor aún, si sé que no hablas, ¿por qué te pregunto?”

“Ni idea, tú sabrás por qué haces las cosas. Normalmente, cuando alguien habla es para que lo escuchen, y cuando alguien susurra es para que lo escuchen de más cerca. Tú me has susurrado, y como me gusta lo que oigo, por eso te pido que me susurres donde  te oiré mejor. Anda, no pares que ibas muy bien hasta ahora.”

No podía creer que ese pequeña jaula de aliento caliente le estuviese hablando. Creyó que tal vez había perdido un poco el levante, y que no era bueno que la cabeza tomase un rumbo diferente al de la realidad. Pensó rápidamente en una forma de volver a poner los pies en la tierra. Era fácil; tocaría la pompa. Con el simple contacto estallaría, esa tontería acabaría y todo seguiría del calmado color gris de siempre. Con algo de miedo, estiró la mano, mientras pensaba “será una lástima no susurrarle más, pero lo mejor es que lo que no existe no de dolores de cabeza”.

Estiró del todo la mano y tocó la pompa. “No está mal, tienes la mano caliente. La verdad es que tu voz es muy bonita, pero tenía ganas de que me tocases”. Y allí siguió ella, sin desaparecer.

“Mierda, tengo un problema”.

—–

Aunque tarde, felices fiestas a todos, parroquianos! 🙂