Era ya media mañana y el camino seguía en su sitio. Bufón sabía que le quedaban no horas, sino días antes de llegar al próximo castillo al que poder llamar a la puerta y presentar sus gracias. El ritual era siempre el mismo, básicamente tenía que… bueno, mejor más tarde, ahora se distraería del camino sólo de pensarlo. Caminaba con parsimonia pero con una técnica impecable; primero un pie, luego el otro, mirando de tanto en tanto al suelo para esquivar raíces y piedras que supusiesen una alteración en la técnica.
Al pasar un árbol – no, ese árbol no, el siguiente- se encontró con un hombre al lado del camino. Estaba sentado sobre la hierva, y tenía una piedra en la mano. “Ves, a ese le han interrumpido la técnica”, pensó bufón. El hombre sentado le llamó la atención aunque no tenía muy claro por qué. Iba vestido de forma andrajosa, como él mismo. Tenía la cara, las manos y lo que se le veía de las piernas tremendamente sucias… o tremendamente llenas de pelos… o ambas cosas a la vez, vaya usted a saber. Eso sí, tenía la mirada profundamente fijada en la piedra.
-Buenos días, compañero de camino. Interesante piedra, ¿tiene una interesante conversación?- dijo bufón a modo de saludo y presentando sus credenciales.
-Buenos días, buenos días. Pues no sabría decirte, nos acabamos de conocer y es un poco tímida. Pero seguro que si conseguimos que beba el vino suficiente durante la cena al final haremos que nos hable- respondió el hombre sentado, demostrando que había tratado antes con viajeros con poca gracia.
“Curioso, habla en plural. Creo que he ido a cruzarme con un loco. No parece peligroso, así que probablemente sea entretenido.”
- Sabes viajero, esa piedra es mucho más interesante de lo que parece. De hecho, si me prestas un trozo de suelo para sentarme contigo, te puedo explicar un par de cosas sobre ella- usó su técnica infalible para conocer gente. Hacer que les picase cuanto más mejor. La curiosidad.
- Por supuesto que puedes sentarte, el suelo no es nuestro y no nos molestas lo más mínimo.
- ¿No os molesto? ¿A quién? ¿A tí y a la piedra? – preguntó con curiosidad bufón.
El desconocido desvió la mirada y, con ojos de resignación, contestó las preguntas una por una.
-No. A mi compañero de viaje y a mí. A la piedra no las molestarías ni aunque bajases de esa nube en la que estás y la pisases.
“Pues a ver si resulta peligroso. O peor, a ver si resulta que no es entretenido.”
-Pues entonces, aceptando tu invitación, me siento un rato. – Se sentó y, durante poco más de tres segundos guardó silencio. Un silencio que para él se hizo eterno. No puedo evitarlo, como siempre. – ¿Te he dicho ya que esa piedra es más interesante de lo que parece? Es más, te apuesto un trozo de pan blando a que puedo transformar lo que piensas de ella.
El desconocido suspiró, y con ese suspiro se escapó su pensamiento. “Señor que me has protegido de las bestias del bosque, ¿por qué has impedido que los osos me coman… y en cambio me envías a esta cotorra?.”
- Verás, te explico…
Joooo…que intriga!
Vas a hecer un “three-decker”? Sólo por irme preparando…..
Jajaja, es peor si no resulta entretenido, jajaja.Qué buena frase, Tjqec…
Sguiré leyendo, a ver si la cotorra es tal…