Última noche antes de la vuelta. Que de hecho no es una vuelta, por que no es ni un volver a empezar ni un girarse y deshacer el camino, es seguir avanzando por un camino que ya conocías.
Mañana estreno trabajo. Bueno, no lo estreno, es lo que llevo haciendo ocho años. Cambio de colegio, y una vez más a ver a la gente… que no conozco. Volverán a darme un horario… que nunca he tenido. Todo es nuevo, pero todo se me repite. Me pongo nervioso por octava vez.
De hecho, me da bastante igual, por que supongo que la emoción está en no saber qué pasará, y en estos casos sé cuando empieza, cuanto dura y, por tanto, cuando acaba. Es todo lo contrario al llamado “momento patata caliente” en una barbacoa. Sí, ese momento en el que te ponen delante de tu plato el allioli y cojes la patata recién sacada de las brasas. Sabes que no puedes cogerla, la dejas. Esperas demasiado poco y la vuelves a coger. Es evidente que te vas a quemar por tercera vez… pero una vez más la coges. ¿Podrás pelarla antes de que el allioli vuele? ¿los dedazos del comensal de al lado serán más resistentes al calor que los tuyos y se llevará el allioli al plato? Esa pequeña emoción es la que, como mínimo, espero encontrar cada día… aunque no sea domingo ni haya barbacoa.
Pero bueno, resignación al aburrimiento nervioso hasta que me lleguen los delincuentes en un par de semanas. Con un poco de suerte, los que tendré este año ya habrán perdido los dientes de leche y los habrán cambiado por colmillos de lobito. Si es que, se creen tan grandes que hasta da pena hacerles ver la verdad…
Tengo ganas de volver a la guerra. No hay enemigo pequeño, ni grande. Ahora, que si me dan bachillerato, podré volver a decir las burradas que tanto echo de menos contar. Para que os hagais una idea de como trato a mis criaturas, os pongo un monólogo de algo parecido a como me pongo en momentos de ofuscación. Soy a la vez la madre (del monologuista) y el padrino (que cuenta el cuento). Puro amor y pedagogía.
Adoro mi trabajo. El nuevo. Y el viejo.
Si es que ya lo comentaba mi abuelo cada vez que volvía con las rodillas peladas del parque: “Este niño, no escarmienta.”
Ángel Martín
El melocotón que murió por culpa tuya.
Jojojojojo no está nada mal… Faltó la menta jajajaja.
Besotes!
@Musa: …es que esa era el complementario!!!
Nos vemos!