Por alguna extraña reacción alérgica (*) a los chocos, las bravas, los pinchitos y las bombas de patatas seguidos de la tarrina de helado de dos sabores que ayer me trinqué junto a Tamara a forma de cena, creo que pude dormir algo, cosa harto de agradecer.
Como esta noche he cenado crema de verduras, creo que la cosa se presenta fea. En fín, que una cosa ha llevado a otra, y padeciendo el insomnio se me ha ido la cabeza a un punto raro de recuerdos muy lejanos. No tan lejanos como la última vez que me metí en un playa antes de este verano, pero casi.
Por aquellos desvaríos míos he pasado de pensar en el no dormir a pensar en otra cosa que tampoco hago, o si hago no recuerdo, que es soñar. Llegados a este punto, se me han aparecido de repente, de la nada, unos labios. ¿Carnosos? en absoluto. ¿Delicados? Menos que los de Chuck Norris. Unos labios de hombre desacompañados por la voz más carajil que jamás he escuchado.
Salvada mi identidad sexual, pongamos nombre a los recuerdos. Me está visitando mentalmente Harvey Keitel leyendonos el cuento de navidad de Paul Auster y, más tarde, al acabar la película, las escenas en blanco y negro cantadas por Tom Waits. Y esta ha sido la asociación.
“You are innocent when you dream.”
Y es que no he podido evitar pensar que, pese al sueño propio, es fantástico ver el sueño ajeno.
Pero bueno, sin desvariar. Lo que interesa ahora es ver como fueron capaces Wayne Wang y Paul Auster de mantener la atención de un poco más que quinceañero con un recurso cinematográfico tan intenso como… los labios de Harvey Keitel. Pero la narración no necesita más.
Una pequeña mentira que lleva a un gran momento. Una indecisión que proporciona un alivio al espíritu. Cuando los protagonistas son conscientes de la falacia pero no importa.
Y todo eso, sólo con unos labios, una canción y una secuencia en blanco y negro. Y para más delito, la canción no tiene nada que ver ni con los labios ni con el cuento. Pero, ¿y lo que me gustó? En fín, si me permitiis, y ya que hoy escribo poco y mal, os pongo los dos cortes, el del relato y el de la canción. Que sepais que son largos y buenos
“fue como si los dos decidieramos jugar a ese juego, sin tener que discutir las reglas.”
“running through the graveyard
we laughed my friends and I
we swore we’d be together
until the day we died
until the day we died”
—–
(*) cada uno le llama al empacho como quiere. Los eufemismos tienen derecho a la vida tanto como las mentiras piadosas y la inteligencia militar. Bueno, no, la inteligencia militar no cuenta.
Yo diría que tu extraña reacción alérgica tiene algo que ver con alguna incompatibilidad entre las versiones de los alimentos ingeridos, yo recomiendo un hard reset inmediato y un fsck /dev/sda xDDDD
@RedWarrior: Pues puede ser, puede ser. Y mira que después de notar la reacción hice el clásico /dev/null, pero parece ser que no fue suficiente
Así que siguiendo consejos… hard reset, repaso de consistencia y a seguir a la próxima cena!
Nos vemos!